viernes, mayo 20, 2005

¿A ver qué tal le va?

El Euskaltel todavía no ha arrancado como se esperaba. El equipo vasco se maneja en dos frentes, el Giro y la Volta, y la imagen que ofrece es similar a la del resto de la temporada. Tal vez atonía es la palabra que más cuadre a la hora de definir lo que está sucediendo en 2005 con la escuadra de la que tanto se esperaba. El Euskaltel sólo tiene una victoria en su palmarés de éste año, una etapa en el tríptico de Alcobendas, una carrera en la que el año pasado, por ejemplo, Iban Mayo ganó dos etapas y la General, después de que el equipo sumara ya unos cuantos triunfos que, entre otras cosas, sirven para tranquilizar a la afición.
En el Giro están dos de las figuras del equipo: Haimar Zubeldia y Aitor González, teóricamente destinados a dar la cara y circular entre los mejores de la carrera, pero ambos están ya muy lejos. Zubeldia, según se anunciaba, había adelantado su preparación para llegar a tono a Italia. González, si tal vez no para la General, se le esperaba en las contrarrelojes e intentando alguna otra cosa más, pero ninguno de los dos está visible
Pero queda Iban Mayo para el Tour, dirán. El vizcaíno parece reservar todas sus fuerzas para julio después de que el año pasado se quedara sin ellas. Sin embargo, ayer habla Gorospe y dice: «Iban lo va a intentar este año en Francia, aunque sin presiones y a ver que tal le va». ¿A ver qué tal le va? Es preocupante que el director hable así. Sólo Armstrong se puede permitir el lujo de reservarse para el Tour. Lo ha ganado seis veces. Los demás no tienen derecho.

jueves, mayo 19, 2005

Payasada italiana

La doctora del Saunier Duval tuvo que declarar de manera informal ante la Policía después de que los agentes del NAS, la brigada antidopaje, azuzados por otro fiscal con ganas de salir en la tele, escenificaran una redada al estilo de Totó o Alberto Sordi en sus celebradas comedias del cine italiano de la posguerra. Fue, casi como cada año, una payasada ante las cámaras de televisión que conocían de antemano la llegada de los carabinieri.
Siempre le toca al ciclismo, siempre le toca al Giro. En Italia se celebran miles de eventos deportivos cada año, muchos de ellos de renombre, de carácter internacional. Hace un par de semanas terminó el Abierto de Roma de Tenis, por ejemplo, y ningún fiscal se tomó la molestia de revisar los hoteles de los tenistas. Nadie acude a los vestuarios del Milan o la Juve para hacer registros. A los hoteles de los ciclistas sí, para llevarse, delante de los reporteros de la televisión, una cámara hipobárica –permitida por todas las instancias deportivas un poco serias– y unas cuantas bolsas de suero glucosado. En Italia son diferentes. La cámara requisada es algo tan habitual que ayer mismo, en el diario Marca, la nadadora Gemma Mengual explicaba en un reportaje, y con toda naturalidad, que duerme dentro de ella. En uno de sus libros, el propio Lance Armstrong comenta jocoso que en una ocasión se metió a dormir en la suya junto con su ahora ex mujer, Kristin, y que casi se ahogan por la falta de oxígeno ya que están diseñadas para una persona. Es decir, nadie oculta su utilización, porque es legal salvo en Italia, el país que a base de payasadas como la del miércoles pretende erigirse en ejemplo contra el dopaje.
Pero luego llegan los juicios, las declaraciones, las sentencias, y se demuestra que todo es fuego de artificio, que sólo se pretende notoriedad a costa del ciclismo, del Giro. Y de los equipos, como el Davitamon o el Saunier Duval que, escrupulosamente, habían declarado en la frontera los productos investigados. Todo es un paripé en la lucha antidopaje en Italia. Después de tanta brigada especial, de los jueces antidroga, de los fiscales, la única y esperpéntica condena le cae a Guardiola. Seis meses de prisión por utilizar nandrolona. Fantástico.

martes, mayo 17, 2005

Petacchi, por fin

Alessandro Petacchi es un chico ciclotímico. Tiende a la depresión estacional. No es exhuberante como su antecesor Mario Cipollini, ni metódico como su aún rival Erik Zabel. A veces se recluye en sí mismo o se confiesa a Chiara, su novia, porque su carácter es melancólico. Se observa en su sonrisa medio triste, en su timidez a la hora de contestar a los periodistas, a la dificultad que tienen éstos de sacarle alguna declaración jugosa. Es educado pero poco ocurrente ante los micrófonos. Cuando no gana se preocupa demasiado y además se echa le culpa a sí mismo. Cipollini espantaba sus fantasmas ciscándose en los rivales, en los compañeros o en el empedrado. Sólo en el último acto de su vida deportiva hizo ejercicio de humildad y se confesó incapaz de seguir el ritmo de los jóvenes.
Petacchi, después de ocho etapas sin rascar, se estaba metiendo en su laberinto. Tal vez por eso Chiara, la bellísima morena a la que conoció en la fiesta que dio Cipollini tras ganar el Mundial de Zolder, le estaba siguiendo cada día, a cada línea de llegada, esperándole para reconfortarle con su presencia. El año pasado en el Tour, el campeón del Fassa Bortolo acabó marchándose lesionado, pero encantado de volver con su novia.
Ayer tenía que ganar por encima de cualquier cosa, así que su equipo se puso en la tarea. No debía moverse nadie. Rávena tenía que ser un sprint para que el jefe intentara lo que aún no había conseguido. El Fassa Bortolo sabe lo que necesita Petacchi: un poco de calor de los compañeros, unas palabras de aliento de su director, el ronco Giancarlo Ferreti, veterano en mil batallas ciclistas. También necesitaba un par de kilómetros propicios, como los de ayer, sin dunas traicioneras como en Grosseto. Además, tienen que colaborar todos los compañeros de azul y blanco. Formar un tren como el que llevaba en sus tiempos a Cipollini en el Saeco.
y ahí fueron unos maestros los italianos.

domingo, mayo 15, 2005

Los vascos no se dejan ver

En el Giro manda Di Luca, que ayer no anduvo del todo fino, Ivan Basso se acerca con fuerza, de puntillas, como acostumbra, sin armar demasiado ruido; Zabriskie se muestra como un gran especialista en la contrarreloj unas vez rotas sus amarras con Lance Armstrong, Damiano Cunego, el poseedor del título –tal vez avergonzado por su payasada de la víspera– se aleja a más de un minuto y su compañero y rival Gilberto Simoni, que no está de forma como cuando dominaba la carrera hace ya unos cuantos años, a más de dos.
Tras la crono, Paolo Savoldelli, que sube bien y baja mejor, vuelve por donde solía cuando era joven y audaz, y mejora en el equipo de Armstrong lo que hizo en el de Ullrich –que anuncia su separación matrimonial–. Honchar rememora viejos tiempos y los italianos en general, pese a la cuña del Pro Tour, siguen siendo los más interesados en su carrera.
Después de ocho etapas, además, los datos indican que el Euskaltel no despega, que Aitor González antaño vencedor de cronos en el Giro, ahora se queda muy lejos de sus registros de campeón; que el líder natural del equipo, Haimar Zubeldia, que en teoría debía preparar la carrera italiana para disputarla a tope, sólo aguantó seis jornadas sin descolgarse y que tras la primera etapa de media montaña y la contrarreloj del día siguiente, se ha colocado a una distancia preocupante de los de arriba. Habla de mala suerte.
Pero el ciclismo es más una cuestión de piernas que de suerte. Por supuesto, la cabeza influye bastante, pero las fuerzas son imprescindibles a la hora de pedalear. Hace dos días ganó Koldo Gil, y no se puede decir, precisamente, que su equipo haya tenido demasiada fortuna en las jornadas anteriores. A saber: antes de salir de Reggio Calabria, uno de sus hombres (que ya no lo es), fue despedido de la carrera por exceso de hematocrito. Después, para más calvario, les robaron un Audi A6 repleto de material. Cuando las cosas se enderezaban y Koldo Gil se escapó por primera vez camino de la victoria, una moto le golpeó por detrás y le estropeó la fiesta. Aún así, perseveró y ganó. Pero en el Euskaltel, después de la caída gravísima de López de Munain, están con la moral muy baja, y las fuerzas, al parecer, justas. Como Joseba Beloki, que también es del Liberty, como Koldo Gil, y sin embargo parece del Euskaltel. Ayer perdió más de siete minutos en la contrarreloj. Se pierde por la parte baja de la clasificación y sólo le queda la esperanza de seguir mejorando poco a poco para estar en mejores condiciones en el Tour.
Esa es la referencia de muchos: el Tour. En la carrera francesa ponen su esperanza los responsables del equipo vasco. Allí estará Mayo, invisible por ahora, entre algodones. El año pasado para estas fechas ya había dado que hablar, y mucho, pero esta vez se ha dejado ver poco. Tal vez en la Volta a Catalunya, de comienzo inminente, tenga algo que decir en serio.
Será en la Volta, y en el Tour, porque en el Giro, a los vascos, salvo Garate, se les está viendo muy poco, poquísimo. No se ha llegado al ecuador y el Giro parece un reflejo del resto de la temporada.

Cunego hace el ridículo

No es propio de un campeón. Damiano Cunego, el último vencedor del Giro de Italia llegó a la meta veinte segundos por detrás de Koldo Gil y levantó los brazos pensando que había ganado. Hizo el ridículo, como todos los componentes de su equipo. Simoni atravesó la línea de llegada y se acercó a los micrófonos: «Estoy muy contento de la victoria de Cunego». No se habían enterado. Van conectados al pinganillo y sin embargo nadie les avisó, así que Beppe Martinelli, su director, también tiene parte de culpa. Va conectado a la televisión desde el coche y recibe las informaciones de Radio Corsa, y sin embargo no fue capaz de ahorrarle el ridículo a su líder.
No es la primera vez que sucede, aunque suele pasarles a los chavales que empiezan, a los más hambrientos de triunfos, a quienes no suelen ser habituales en la victoria. Cunego fue demasiado ambicioso, llegó con las orejeras y acabó haciendo el ridículo.

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